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10 buenas razones para seguir comiendo carne

07-09-2017


Un nuevo estudio de la Universidad de Harvard demostró que fue al incorporar la carne a su dieta (no el fuego: la carne cruda), cuando los homínidos primitivos iniciaron el camino evolutivo que condujo a las características actuales de nuestra especie, entre ellas el desarrollo del cerebro. Y hay otros motivos más para seguir comiéndola


Hace 2.6 millones de años hubo uno de esos pequeños grandes momentos de consecuencias increíbles. Nuestros ancestros homínidos empezaron a dedicar menos tiempo y esfuerzo a masticar cuando incorporaron la carne a su dieta, que comían cruda —el fuego recién se sumó al menú 500.000 años atrás— aunque “procesada” con los morteros y otros utensilios de piedra que también usaban para las plantas duras que tenían disponibles. Ese ahorro de tiempo de masticación provocó la reducción de la mandíbula y los dientes, mientras el consumo de proteínas permitió el desarrollo del cerebro. Así lo demostró el estudio de la Universidad de Harvard “Impacto de la carne y las técnicas de procesamiento de alimentos en el Paleolítico Inferior en la masticación de los humanos”, contradiciendo la vieja idea de que el fuego fue determinante en la transformación de nuestra especie. El quid, parece, estaba en la carne.

 

Y hoy el Homo sapiens la sigue valorando. La carne es uno de los alimentos más apreciados por los consumidores de todo el mundo, con unos niveles muy superiores a los del resto de los grupos alimentarios. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura estima el consumo humano mundial de carne per cápita en unos 43 kilos por año, en promedio (76 kilos en los países desarrollados y 33 en los países en desarrollo), y calcula la producción de carne de bovinos en 68 millones de toneladas anuales. Y si bien sus sabores y aportes nutricionales dependerán en gran medida de la raza y el método de crianza del animal, éstos son los puntos más imbatibles de la carne vacuna, la favorita en esta región del planeta.

 

El hierro. Por algo es roja: la carne vacuna contiene un promedio de 3 miligramos de hierro cada 100 gramos, el doble que el pollo y el triple que el pescado. El cuerpo humano necesita este mineral para producir hemoglobina y mioglobina, proteínas esenciales para suministrar oxígeno a las células y almacenarlo. El hierro de la carne vacuna además es de alta biodisponibilidad, fácil de absorber por el aparato digestivo.

Las proteínas. Es una de las mayores fuentes que existen, con 20 gr cada 100. Las proteínas son macronutrientes (como los glúcidos y los lípidos), o sea, los que suministran la mayor parte de la energía metabólica al organismo. Las de la carne vacuna son de alto valor biológico: no presentan carencias de aminoácidos, son más biodisponibles y por lo tanto se asimilan mejor que las proteínas vegetales.
Los nueve aminoácidos esenciales que el cuerpo no puede producir naturalmente. La deficiencia de estos nutrientes puede generar desequilibrios en los neurotransmisores y vincularse con trastornos como depresión, ansiedad e hiperactividad.


Las vitaminas del grupo B, que intervienen en casi todos los procesos del organismo. La carne vacuna es una de las mejores fuentes, especialmente de vitamina B3 (niacina) y B12 (cobalamina).

 

Otros nutrientes importantes. Vitaminas liposolubles como la A, D, E y K. Son indispensables para permitir la coagulación sanguínea, el metabolismo del calcio, el buen estado de la piel, la salud de la vista, etc.

 

¡Casi nada de carbohidratos! Entre un 0 y un 2%.


 La mayor sensación de saciedad que brinda. Como debe permanecer más tiempo en el estómago para poder ser digerida, su consumo es más fácil de moderar si estás a dieta. Con menos cantidad de carne vacuna lográs saciar el hambre más rápido que con otras carnes.


¿Y la grasa? El contenido varía mucho en función de la parte del animal. Es principalmente monoinsaturada, aunque también contiene un porcentaje alto de grasa saturada y colesterol. En general, se recomienda elegir cortes magros y retirar la grasa visible, que es donde más se acumula el colesterol. Las carnes de animales alimentados a pasto pueden presentar un perfil más saludable, ya que son ricas en ácidos grasos esenciales Omega 3 y Omega 6.


La versatilidad. Con cerca de 30 cortes, hay para grillar, estofar, hornear, saltear, guisar, hervir, saltear… y, por supuesto, asar.


 La nuestra es de las mejores. Según diversos estudios del INTA y el IPCVA, la carne vacuna argentina, en comparación con la de otros países, tiene un mayor contenido de Omega 3 y una relación más favorable Omega 3 – Omega 6: ácidos grasos esenciales, que nuestro organismo no puede producir y que contribuyen a mejora el funcionamiento del aparato cardiovascular y la respuesta del sistema inmunológico.

 



Fuente: lanacion.com.ar


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