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Inundaciones: un clima de incertidumbre

18-05-2016


No hay un solo factor que incida en la ocurrencia de inundaciones, son muchos, entre ellos factores climáticos y el accionar del hombre. La buena noticia es que hay herramientas disponibles para adaptarse a la variabilidad climática y reducir o mitigar los daños.


A comienzos de mayo el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria -INTA-  junto a la Asociación de Periodistas Agroalimentarios de la ciudad de Buenos Aires -La Porteña- organizaron la charla “Inundaciones: la relación entre el clima y el suelo”. El objetivo fue conocer las implicancias del cambio climático en los fenómenos meteorológicos. La charla, auspiciada por Revista RIA, tuvo lugar en el auditorio de la sede de INTA de calle Chile y se transmitió on line en vivo.
Los expertos a cargo de la charla fueron el Dr. Miguel Taboada, director del Instituto de Suelos de INTA, y el Dr. Carlos Di Bella, investigador del Instituto de Clima y Agua de INTA Castelar. Ambos resaltaron que el clima y la forma en que manejamos los suelos pueden acelerar, retardar o incluso evitar las inundaciones.

 

Taboada (de pie) y Di Bella.


El cambio climático marca tendencia hacia un aumento en la temperatura y una mayor variabilidad en las precipitaciones.
De acuerdo al análisis de Di Bella, de diciembre a abril se dieron lluvias que superaron los 1000 milímetros en toda la Mesopotamia. En series históricas esto es más de 600 mm de lo habitual. En Misiones, Formosa, Corrientes en 2014 y 2015 se vienen dando eventos de alta intensidad. Lluvias por encima de lo normal, sobre un acumulado de agua también por encima de lo normal. En Santa Fe y Entre Ríos había menos agua acumulada en los suelos, pero las precipitaciones en abril pasado acumularon 500 milímetros en un mes, cuando la media es de 80/100. Estos eventos superaron lejos los guarismos de las series históricas.
¿Cuál es la tendencia? En el análisis de la variación de cada década, por caso en la ciudad de Corrientes, hay un 20% de variabilidad de las lluvias. En el análisis interanual esa tendencia superó el 70%. Sin embargo, no significa que llueve más, sino que aumentó la variabilidad de la ocurrencia de lluvias.
Los modelos de análisis de predicción del clima más complejos son confiables hasta 3 meses, en los cuales hay alta probabilidad (60%) de tener lluvias por encima de lo normal.
“Cada vez hay más variación climática. Esto está dado por una mayor temperatura de la tierra, generada por el aumento de la aceleración de los procesos que impactan en la mayor variabilidad climática. Ante un mismo evento es muy variable el comportamiento del clima y esto se repite en años Niño, Niña y Neutro”, explicó Di Bella.
El experto señaló también que se combinan una serie de factores, no puede responsabilizarse sólo a uno, como puede ser obras hidráulicas precarias en muchas zonas. “Cuando llueven 200 milímetros en un día, no hay sistema que de abasto para evacuar tanta agua”, afirmó el referente del Instituto de Clima y Agua.
Para ilustrar esta situación Di Bella detalló que “una hectárea de pasto evapotranspira en 4 meses (mayo, junio, julio, agosto) 18000 litros de agua, es decir que no hay que subestimar la capacidad de los cultivos de amortiguar el impacto del agua y en este sentido aumentar superficie con coberturas es una herramienta a considerar”.
Según él, un cambio en el sistema de producción es posible pero requiere consensos, tiempo y análisis.
Por su parte Taboada remarcó que los eventos de lluvias excesivas generan el ascenso de las capas de agua subterráneas, lo que sumado al aporte de agua externo provoca anegamientos. No obstante, aclaró que no todos los suelos son anegables y se puede predecir con análisis de suelo considerando algunas señales: salinización, hierro, manganeso, capa freática cercana a la superficie, etc.
En la región Chaco-pampeana hay millones de hectáreas susceptibles a la inundación. En el NOA y NEA hay 32 millones de hectáreas que se incorporaron a la agricultura. Allí la soja reemplazó a las pasturas, coberturas, forestación y monte natural.
“La agricultura avanzó sobre suelos con riesgo hídrico. De 12 millones de hectáreas agriculturizadas en esta región 2/3 eran de pasturas y 1/3 de monte. En los últimos 15 años hemos hecho cosas que inciden en el aumento del riesgo de inundación”, sostuvo Taboada.
Uno de los cambios más notables es el del uso de la tierra. Los más importantes: urbanización, desmonte, arrendamiento con un único cultivo anual que no alcanza a usar el agua disponible (500 milímetros de consumo aproximadamente) por lo que queda mucha agua ociosa (400/500 milímetros).
“Hemos cambiado monte y yungas por monocultivo”, señaló el especialista.
Pero ambos analistas aclararon que al decir monocultivo, no sólo se refieren a la oleaginosa, sino también al tabaco, al arroz, y cualquier planteo agrícola que carezca de rotación estratégica.
Otro cambio importante está dado por la cantidad y tipo de cultivos, falta de rotación. La mala calidad del suelo por monocultivo provoca una menor regulación de la inundación. Hay que pensar que no es la soja en sí, sino cómo se hace, también hay monocultivo de algodón, por ejemplo, que tienen el mismo efecto en el suelo.
Por último Taboada describió otra problemática que se relaciona con el aumento del riesgo de inundaciones. Se trata de la falta de procesos integrados de cuencas hidrográficas. ¿Qué significa?
“No hay un manejo integral de cuencas altas, y si no conozco lo que pasa e intervengo cuenca arriba, poco voy a poder hacer en la parte baja. Es muy importante trabajar en construir una visión integrada de las cuencas hídricas, porque si un vecino no hace bien las cosas, tendré el efecto negativo en mi campo”, precisó el director del Instituto de Suelos.

Saber qué y para qué
Los expertos en clima, agua y suelos de INTA advirtieron que los pronósticos y tendencias climáticas no sirven para nada sin decisión. Y recomendaron también evaluar cuánta de la información puede traducirse en decisión.
“Es un momento para replantear algunas prácticas”, afirmó Taboada. Mencionó por caso la Siembra Directa, que según él es una buena herramienta siempre que se haga con buena cobertura. De esta manera frena las pérdidas de evaporación y escurrimiento, y mejora la eficiencia en el uso del agua.
“Hay incidencia en el tipo de cultivo que hagamos y en el sistema que usemos. Dos cultivos anuales consumen más agua, pero hacemos solo uno. Las rotaciones intensivas aportan más carbono a los suelos y mejoran su calidad, esto no es nuevo”, indicó Taboada. Y agregó que “quizá una de las pocas panaceas agrícolas es que al suelo hay que tenerlo cubierto, hay diferentes alternativas y no son costosas; volver a los cultivos de invierno y primavera puede conllevar a un mejor balance hídrico”, concluyó el analista.


Ver video de la charla

 


Fuente: El Nuevo Agro


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