LUSILSA, Dulces entrerrianos diferenciados

Elaboración de Dulces: Cuando una buena gestión empresarial es el trampolín para crecer.

11-10-2013. EL Nuevo Agro

¿De qué hablamos cuando hablamos de gestión? Una palabra que puso en boga la nueva corriente del management empresarial y de la que se apropiaron otras disciplinas como la política, la economía, el marketing. Es que, en realidad, gestión encierra una idea: hacer bien las cosas, yendo más allá del gerenciamiento. Surge en el ámbito del emprendedorismo como la herramienta que permite generar cambios en la forma de hacer las cosas y en la manera concretar proyectos.

Las pymes que enfrentan el desafío de crecer, generalmente familiares o unipersonales, muchas veces consideran que la gestión es algo propio de las grandes compañías y organizaciones con tupidos organigramas, pero no se trata de tamaño, sino de visión. Y en el caso de los pequeños emprendedores es, justamente, la visión del negocio lo que marca la diferencia.

La gestión propone combinar las experiencias individuales con las herramientas del management en las tareas cotidianas de la empresa. Raquel Amore de Lusilsa (nombres de sus tres hijos: Luciana, Silvana y Santiago), nos cuenta su experiencia como emprendedora y cómo logró superar contratiempos y adaptarse a los cambios.
“Considero que la gestión es fundamental para organizarse cuando se va a emprender un negocio, al menos en los aspectos más significativos; pensar y definir cómo empezar, por dónde y con qué herramientas contar es fundamental”, afirma Raquel.
Según la emprendedora, las necesidades de gestión surgieron desde el momento cero y atravesando todo el proceso, desde cómo armar la fábrica hasta cómo conseguir un código de barras para los productos.

Por otro lado, Raquel señala que nutrirse de la experiencia de otros es un buen ejercicio del que se aprende y pueden surgir ideas para la propia empresa.
“Como primera instancia la experiencia ajena puede ser muy útil, el desafío es adaptarla a lo que cada uno quiere lograr, nosotros visitamos todas las fábricas que pudimos incluso de otras ramas diferentes a los dulces y mermeladas”, comenta Raquel. Y aclara que, “aunque no encontrábamos algo que se ajustara a nuestro proyecto, dentro de la infraestructura de una fábrica algo siempre se rescata: la cinta transportadora, las pailas, la forma de cocción, el tamaño, los espacios otorgados a cada sección, las divisiones según la variedad de producto, los desagües, la higiene, etc… En esta etapa, visitamos fábricas de aceite de oliva, de alfajores, de mermeladas, de quesos, dulces, chacinados, vino, además vimos videos sobre maquinaria y fábricas del mundo, rescatamos información sobre proveedores de materia prima, ya sea de cajas, transportes, cintas para embalar, folletería, etc. Hay muchísimos aspectos que nos sirvieron a la hora de planificar”.

En esta instancia la gestión de la información es clave para definir el proyecto y su ejecución. Otro punto importante es investigar y conocer el mercado objetivo y la competencia. Para ello Raquel puso a punto todos sus sentidos (y los de su familia también) y se dispuso a degustar.
“Probamos los productos que hay en el mercado, nacionales e internacionales, con azúcar, bajas calorías, con mosto de uva, en frascos chicos, grandes, analizamos las etiquetas, los colores… Luego creamos un logo, averiguamos sobre cómo registrar la marca y lo hicimos, y después de muchas pruebas decidimos que productos queríamos hacer”, precisa la emprendedora. Y afirma que “recién entonces empezamos a planificar cómo sería nuestra fábrica”.

Fábrica de Lulilsa

Uno de los primeros dilemas que enfrentó Raquel fue dónde montar la fábrica, ya que los terrenos son costosos y no conseguía en su ciudad. Así que recorrió pueblos cercanos preguntando en la zona y a conocidos, hasta que en Estación Camps, un pueblo a 50 km. de Paraná, encontró un terreno de 1000 metros cuadrados, casi sin vecinos linderos y con algunos frutales cítricos que logró rescatar del abandono. Pero lo más importante es que le ofrecieron facilidades para pagarlo.

La búsqueda del terreno nos llevó más de un año, en agosto de 2008 lo compramos y después de 6 meses lo terminamos de pagar. Nos favoreció que en nuestra zona no hay fábricas de este tipo y que la gente de las comunas, pueblos chicos, es extraordinaria!”, destaca.

En febrero de 2009 iniciaron la construcción que concluyó luego de 9 meses. “Muchas tareas de la obra y terminaciones las hicimos nosotros, desde acondicionar el terreno, hasta pintar paredes, rejas, puertas… trabajamos vacaciones, fines de semana, feriados”, reconoce Raquel. Y en noviembre de ese año comenzaron con las instalaciones, previa compra de pailas y la caldera, usadas pero puestas a nuevo. La gestión de los recursos fue esencial para poder poner a punto la fábrica.

“Tengo la ventaja de que mi esposo tiene una empresa de instalaciones industriales y trabaja en frigoríficos, plantas lácteas, de chacinados, en la zona de Entre Ríos, Santa Fe y Uruguay, por ello el trabajo de instalación, cañerías de agua, de vapor, desagües, el armado de la base de las pailas, y todo lo referente a metalúrgica lo hicimos con su empresa, incluso los portones, las mesadas de acero inoxidable, las bateas de lavado, cámara de frío; ahora están armando una pulpeadora que separa carozos y semillas, junto con mi hijo, para agilizar el pelado y limpieza de frutas”, anticipa la empresaria.

El conocimiento es una herramienta invaluable por eso es en sí mismo una ventaja competitiva. En este sentido, Raquel resalta que la capacitación es un aspecto al que se dedica mucho. “Como no conseguía cursos cerca de mi ciudad, empecé a buscar en internet y encontré capacitaciones increíbles! Ahí decidí comenzar el curso con Clara Marini y el Nuevo Agro, hice el primero presencial y otro a distancia con el que me saqué muchas dudas, siempre hay algo nuevo que aprender”, señala. Ahora planea hacer los cursos a distancia sobre elaboración de Dulce de leche y Quesos artesanales”.

A fines de 2010 Lucilsa dio a luz la primera producción de dulces de frutilla y con el día a día fueron ajustando el proceso. “Pasamos de estar 10 horas para producir a 6 horas, creo que siempre hay que pasar por las pruebas y errores para poder corregir”, sostiene Raquel.
En febrero de 2011 la empresa comenzó a vender sus productos en distintas zonas de Entre Ríos, Buenos Aires, Córdoba, la ciudad de Santa Fe y Rosario. Raquel advierte que “siempre hay que prever inconvenientes que surgen sin aviso”. En esto la gestión tiene mucho que ver, porque ayuda a la empresa a tener la cintura suficiente para afrontar los cambios inesperados y a fuerza de previsión superar los contratiempos.

Pailas para cocinar los dulces

Raquel recuerda un problema que tuvo con un proveedor, por eso recomienda definir y conocer a los proveedores de materias primas. “Nuestro mayor inconveniente fueron los frascos; como no podíamos comprar directamente a fábrica, por los volúmenes mínimos de compra que piden, optamos por distribuidores. Elegimos un modelo que supuestamente tendrían en stock, pero sucedió que compramos un pallet de 2030 frascos para los primeros dulces y los vendimos en un mes, cuando quisimos comprar más no los tenían hasta diciembre y en ese momento era abril”, recuerda Raquel. Lo grave era que habían hecho cajas a medida para ese formato de frasco, por lo que tuvieron que salir a buscar alguno que se adaptara, tuvieron que modificar la cinta transportadora y pagar una matriz para poder usar las etiquetas que tenían impresas.

“Después de estas dificultades, el camino fue más liviano, hoy tenemos las etiquetas nuevas con código de barra incluido, certificamos los productos libre de gluten, iniciativa que nos costó bastante tiempo porque las instituciones de control, como bromatología, no estaban muy al tanto de esta problemática, así que llevó mas de un año certificar todo”, detalla Raquel.

Las capacitaciones que realizó esta emprendedora, tanto en forma presencial como en modalidad a distancia, le sirvieron para convertirse en técnica de su propia fábrica, desde el momento en que la profesional que la asesoraba no pudo continuar.
“Llevé la carpeta y certificados de los cursos a las autoridades, los analizaron, y a su vez analizaron los productos, y aceptaron que fuera la técnica de la fábrica”, cuenta Raquel. Y señaló que “en este momento estoy cursando el segundo año de la carrera a distancia Técnico en Control Bromatológico de la Universidad de Entre Ríos, formación que me ha sido muy útil”.
Raquel aclara que en toda esta historia de emprender en el negocio de la elaboración de dulces y mermeladas fue aprendiendo a medida que avanzaba y cada día aprende algo y se propone nuevas metas. “Hacemos pruebas de productos: mermeladas light con stevia y dulce en pan de membrillo, no es fácil porque hacemos todo con recursos propios, lo que implica que los resultados no sean inmediatos, pero siempre invertimos apuntando a la calidad y eficiencia de producción”. Asimismo, la empresaria recomienda plantear claramente las tareas y definir los puestos dentro de empresa, “saber quién hace cada cosa, ayuda a mantener la organización en equilibrio”, afirma.

Para Raquel, uno de los problemas más grandes en el país es la logística, por los altos costos del transporte y las largas distancias que dificultan poder comercializar en muchos puntos. Otra deuda, según ella, es con la información y asesoramiento que necesita el emprendedor, por ejemplo sobre cómo obtener el código de barras. “Cuando quise adquirirlos nadie me supo informar al respecto, ni contadores, ni abogados, ni comerciantes, nadie! Una vez más internet me salvó, buscando encontré un proveedor y asistencia. Sin duda, la información y la capacitación son dos componentes que atraviesan cualquier empresa que busque la mejora continua.

Raquel Amore

Raquel siempre tuvo un sueño y hoy puede verlo hecho realidad gracias a su espíritu emprendedor y a basar el funcionamiento de su empresa en una correcta gestión. “Por qué mermeladas? Me gusta todo lo relacionado con la industria y todo lo que sea lo más natural posible, siempre hacia algún dulce para mi familia con lo que tuviera a mano: zapallo, naranjas, duraznos, etc., porque los comprados ya no venían como antes. Ahí nació la idea de tener una fabrica y… ¡lo hicimos!”, cuenta orgullosa.

 

 

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